sábado, 4 de agosto de 2007

Espejos - Capítulo III


Aquí va el tercer capítulo. ¡Ah!, me había confundido, son 5 no 4. Faltan 2.
Saludos.



Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.


ESPEJOS - III


El sábado siguiente, era su cumpleaños. Pensó cómo le gustaría festejarlo y recordó las salidas con las amigas, bailando hasta el amanecer, tomando, jodiendo. Estaría bueno poder festejar así de nuevo. Pero a él no le gustaba bailar, así que no lo iba a hacer pasar por eso, si en realidad ella quería disfrutar su cumpleaños con él, la persona que más amaba en el mundo.

Él se daba cuenta de que lo que le faltaba a la relación era acción. Pero bueno, "eso es algo que se logra de a dos", pensaba. Si tan sólo ella le pusiera más onda a salir o a cagarse de risa, joder. Pero él no la podía obligar a ser lo que no era, eso no sería amor. Así que debía respetar su "forma de ser tranquila". Para el cumpleaños la invitaría a cenar a algún lugar romántico.

Esos días ambos los pasaron teorizando demasiado sobre lo que el amor debía ser y cómo no salirse de los límites que harían que lo de ellos no fuera así de sano. Pensaron mucho, cada uno con su almohada. La misma almohada. Y para pensar no hay que hablar.

Un par de semanas después, él notó que Carlos no lo había llamado por teléfono, cuando solía hacerlo al menos dos veces a la semana. Raro. Bueno, pero si le hubiese pasado algo lo llamaría para contarle.

Ella estaba bastante mal, incluso temía estar entrando en una depresión. Ensimismada en sus pensamientos, la sobresaltó el teléfono. Era su mamá, que día por medio siempre la llamaba para saber cómo estaba.
-"¿Qué tal, ma?"
-"Bien, vos cómo estás, querida?"
-"Todo bien, estaba cocinando unas milanesas para los dos".
Hablaron unos minutos. No era cuestión de preocuparla, ya suficientes problemas tenía la madre con la pensión que no le salía y lo que le costaba hacer el duelo del padre de ella, así que prefirió no decirle nada de lo que le pasaba.

Él y ella cenaron. Por momentos él le tomaba la mano sobre la mesa y se contemplaban, entre sonrisas y suspiros. Desde el jardín los grillos se convertían en los ejecutores de la banda de sonido de su amor, acompañando las palabras tácitas que daban marco a lo que los unía. Esos momentos disipaban las dudas, evaporaban el dolor, el miedo a un final que a veces parecía querer tocar a su puerta.
Sus dedos dejaron de entrelazarse cuando ella se levantó a llevar los platos a la cocina. Y de nuevo sintió un vacío adentro. Una sensación de infelicidad total. ¿Abstinencia de tocarlo? Pero si él estaba ahí... Eran felices. Ya no sabía qué hacer para convencerse.

4 comentarios:

benjamin1974© dijo...

Seba,
¿Cómo estás? NO creas que desaparecí de tu blog... Hoy a la mañana escribí un comentario relargo... bien detallado pero se cortó la luz antes de poder postearlo...
En fin, lo que te decía era que estos tres capítulos dejan la misma sensación al leerlos: "insatisfacción".
Lo demás lo dejo para un email...
Un abrazo... Me alegra que estés escribiendo...

Jeza dijo...

Esperando el final.
Opino al terminar d leer la saga completa :P
Besos!

Webstudio dijo...

Realmente, la estás alargando al pedo. Estás diciendo exactamente lo mismo hace tres posts. Con un post largo, sobraba.

Ya, deja de hacernos sufrir con esta tortura y terminalo, total, ya sabemos como lo vas a hacer terminar.

Sebastián dijo...

Benja,
Insatisfacción, sí, y como impotencia, ¿no?
El análisis lo dejo para el Cap V.
Ando investigando mucho así que un poco desconectado de los blogs, pero apenas pueda visitaré a los amigos.
Un abrazo.

Jeza,
Hablamos más entrada la semana!
Besos.