martes, 7 de agosto de 2007

Espejos - Capítulo IV


Si tan sólo pudiésemos romper algunos espejos y construir nuestra propia imagen en base a nuestros propios deseos...



Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.


ESPEJOS - IV


Esa noche no hicieron el amor. Él venía notando que ella no acababa, boludo no era, y pensó que exponerla a esa situación sería negativo.
Ella pensaba y pensaba y ni siquiera se dio cuenta de que él no se le acercó esa vez como todas las noches. Recién al otro día, con la cabeza más despejada, despertó y hasta se sintió aliviada de que hubiese sido así porque, aunque lo deseaba, estaba muy confundida.
Esa noche que no dejó sábanas arrugadas fue la primera de varias, matizadas con noches de pasión que las camuflaban y escondían de los pensamientos trágicos y desesperanzadores que invadían a ambos cada vez con más frecuencia.
Pero la distancia crecía inexorablemente.

Hacía un mes que Carlos no lo llamaba y tampoco chateaban. Era muy extraño. Esa tarde desde el trabajo, hablando con Matías, un amigo en común, por un comentario de él se dio cuenta que Carlos lo había bloqueado del MSN. Carlos estaba chateando con Matías pero para él figuraba como "No conectado". Le preguntó a Matías por su amigo y se enteró que se había separado de la novia hacía un mes. ¡Y no le había contado! Y encima ahora lo bloqueaba del MSN. Inaudito, ¡como si él hubiera hecho algo para que todo eso sucediera! Si no hizo nada...
Y bueno, quizás algun día Carlos lo desbloquearía cuando se le pasara el raye. Ojalá.

Las noches sin sexo y esa sensación de vacío cada vez más molesta y duradera, estaban afectándola mucho, demasiado. ¿Por qué él ya no la quería? ¿O sí la quería? ¿O la quería pero no la amaba? Ella estaba segura de que lo amaba, pero quizás eso ya no era recíproco. Lloró. Mucho. No podía parar. Estaba sola en la oficina donde trabajaba de secretaria.
"El amor no debería hacerte sufrir...", pensó.
Por primera vez dudó de lo que sentía.

El transcurrir de los días no parecía traer ninguna solución a la distancia que parecía interponerse entre ellos. La lógica del amor más sano del mundo parecía ya no funcionar. A pesar de no entender dónde se habían equivocado, él sabía que no podían seguir así y decidió hablar. Esa tarde le diría de separarse, porque así quizás la haría reaccionar, la sacaría de su inacción. Eso salvaría su relación.

Ella sólo pasaba momentos sin tener los ojos hinchados de llorar. Su rostro perfecto lucía demacrado, sin rastros de la alegría que la caracterizaba un año atrás. No podía entender por qué él no hacía nada o le preguntaba algo. Sólo abrazarla o secarle las lágrimas no era suficiente, aunque le gustaban tanto, tanto, tanto esos abrazos. ¿Hasta cuándo siempre lo mismo? Y... ¿por qué es que estaba llorando?


sábado, 4 de agosto de 2007

Espejos - Capítulo III


Aquí va el tercer capítulo. ¡Ah!, me había confundido, son 5 no 4. Faltan 2.
Saludos.



Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.


ESPEJOS - III


El sábado siguiente, era su cumpleaños. Pensó cómo le gustaría festejarlo y recordó las salidas con las amigas, bailando hasta el amanecer, tomando, jodiendo. Estaría bueno poder festejar así de nuevo. Pero a él no le gustaba bailar, así que no lo iba a hacer pasar por eso, si en realidad ella quería disfrutar su cumpleaños con él, la persona que más amaba en el mundo.

Él se daba cuenta de que lo que le faltaba a la relación era acción. Pero bueno, "eso es algo que se logra de a dos", pensaba. Si tan sólo ella le pusiera más onda a salir o a cagarse de risa, joder. Pero él no la podía obligar a ser lo que no era, eso no sería amor. Así que debía respetar su "forma de ser tranquila". Para el cumpleaños la invitaría a cenar a algún lugar romántico.

Esos días ambos los pasaron teorizando demasiado sobre lo que el amor debía ser y cómo no salirse de los límites que harían que lo de ellos no fuera así de sano. Pensaron mucho, cada uno con su almohada. La misma almohada. Y para pensar no hay que hablar.

Un par de semanas después, él notó que Carlos no lo había llamado por teléfono, cuando solía hacerlo al menos dos veces a la semana. Raro. Bueno, pero si le hubiese pasado algo lo llamaría para contarle.

Ella estaba bastante mal, incluso temía estar entrando en una depresión. Ensimismada en sus pensamientos, la sobresaltó el teléfono. Era su mamá, que día por medio siempre la llamaba para saber cómo estaba.
-"¿Qué tal, ma?"
-"Bien, vos cómo estás, querida?"
-"Todo bien, estaba cocinando unas milanesas para los dos".
Hablaron unos minutos. No era cuestión de preocuparla, ya suficientes problemas tenía la madre con la pensión que no le salía y lo que le costaba hacer el duelo del padre de ella, así que prefirió no decirle nada de lo que le pasaba.

Él y ella cenaron. Por momentos él le tomaba la mano sobre la mesa y se contemplaban, entre sonrisas y suspiros. Desde el jardín los grillos se convertían en los ejecutores de la banda de sonido de su amor, acompañando las palabras tácitas que daban marco a lo que los unía. Esos momentos disipaban las dudas, evaporaban el dolor, el miedo a un final que a veces parecía querer tocar a su puerta.
Sus dedos dejaron de entrelazarse cuando ella se levantó a llevar los platos a la cocina. Y de nuevo sintió un vacío adentro. Una sensación de infelicidad total. ¿Abstinencia de tocarlo? Pero si él estaba ahí... Eran felices. Ya no sabía qué hacer para convencerse.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Espejos - Capítulo II

Hablando de novelas. Después de casi 5 meses, volví a ver a cierta persona... Un poco más temprano que el horario "habitual", volviendo a casa en el colectivo, allí estaba, y se dio de nuevo exactamente la situación descripta en el capítulo II de "¿Y si fuera ella?": parados en la puerta para bajar con los ojos casi enfrentados durante interminables segundos... Sólo que.. ya no era la rubia del 44, ahora era ¡"LA CASTAÑA DEL 44"! Y le queda precioso, de hecho me gustan más las castañas... Pero bueno, ya sabemos que fuma.

Volvamos a lo nuestro, aquí el segundo capítulo.


Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.


ESPEJOS - II


Esa noche ella se sentía como ahogada. Era una sensación extraña, se sentía como presa en su propia casa. No había pasado nada. ¿Por qué sentía eso?
Habían quedado en ir al cine después de comer. Ella quería ver "Descuartizando a Stephan" pero él le había dicho de ver "Antes del amanecer", así que iban a ver esa.

Él estaba como cansado, hacía bastante que no se sentía realmente feliz, pero no podía ser debido a ella, si nunca discutían, nunca se peleaban.
Así que hizo el esfuerzo por mostrar su mejor sonrisa e ir a ver "Antes del amanecer", esa película pedorra romántica que seguro a ella le iba a gustar, por más que él prefiriera algo como "Descuartizando a Stephan".
Hacía frío y vieron la peli. No era tan mala después de todo, ambos salieron abrazados. En silencio, abrazados. Esos momentos eran impagables, tocar el cielo. Pero no se podía estar abrazados todo el día...

Él se sentía mal, en la reunión de los martes con los amigos esperó que alguien le preguntara algo, cómo estaba, una muestra de interés. Todos pelotudeaban y hablaban del nuevo modelo de Ford.
Carlos, el más retraído del grupo, estaba medio apartado, con la mirada perdida. "¿Le pasará algo?", pensó él y no le dijo nada para no molestarlo. Capaz prefería estar solo.

Esa noche ella vio un espectacular capítulo de Everwood donde Ephram le decía a Amy todo lo que sentía y que no podía vivir sin ella. Se lloró la vida, "¡Qué pelotuda que soy!", pensaba para sus adentros.

Pasaron unos días y ella sentía que las cosas no eran como antes. Lo sentía distante a él. Pero si le pasase algo, seguramente se lo diría, por eso se amaban, así que no iba a dudar de ese amor y pensar que él no confiaría en ella.
El espejo estaba empañado... Sería por el agua caliente de la ducha que planeaba darse intentando limpiar tanta duda, tanta incertidumbre.



martes, 31 de julio de 2007

Espejos - Capítulo I

Empieza aquí un relato que acabo de escribir basado en sensaciones que he recolectado últimamente. Irá en cuatro partes (emulando al amigo JuanT). Espero que les guste.
Quiero agradecer a Marie y a July por charlas o posts que formaron parte de las sensaciones que motivaron este cuentín.


Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.


ESPEJOS - I


Ella tenía ganas de estar sola con él esa noche, de poder mimarlo, como hacía mucho no se permitían, pero Marcelo y Carolina los habían invitado a cenar y ella sabía que a él no le gustaría ese desplante de ella. Eran más amigos de él que de ella, aunque todos se llevaban más o menos bien. Bueno, a veces Caro se daba ciertos aires de grandeza que a ella muy bien no le caían, pero qué podía hacer, la gente es como es.

Él se moría de ganas de poder estar solo con ella esa noche. Tanto trabajo, la rutina, la falta de dinero, a veces conspiraban para que relajarse y disfrutar fueran sólo un deseo casi utópico. Él no se bancaba ya a Marcelo y sus canchereadas, pero no quería generar un conflicto con ella, después de todo, eran más amigos de ella que de él.

La cena fue entretenida, aunque no participaron mucho de la charla. Él no creía que poner sus ahorros para empezar ese negocio de venta de altavoces fuera una de las mejores ideas que se le ocurrió a Marcelo, pero si estaba entusiasmado y se sentía feliz, él no era quien para arruinarle sus sueños.

La carne que preparó Carolina parecía una suela de zapato, estaba requemada, pero ella se la comió y ambos felicitaron a la cocinera, obvio, quizás a ellos la carne les gustaba así.

Esa noche volvieron tarde a casa. Fueron a la cama y ambos estaban extenuados porque habían trabajado mucho y la salida nocturna los había terminado de palmar. Pero él no quiso que ella creyera que no la deseaba, así que empezó a acariciarla y a jugar con su cuerpo, para cumplir y que ella fuera feliz.
Ella no se estaba excitando. Era tan hermoso dormir con él, lo amaba tanto, pero últimamente el sexo no era lo que solía ser. Él parecía desconocer la manera exacta de tocarla, el punto justo, la cadencia necesaria. Pero por supuesto, no era ella quien iba a decírselo, lastimándolo innecesariamente. Lo amaba demasiado como para hacer eso. Ella fingió un orgasmo. Él apenas acabó y se sintió aliviado. Mientras dormían abrazados, él la contemplaba murmurando para sus adentros: "Qué hermosa que es, cómo la amo".
Hacía mucho que esas palabras no interactuaban con el aire.

miércoles, 25 de julio de 2007

Just a little bit of Human Touch

El otro día la hijita del portero trajo un gatito a mi casa. Estuvieron un rato y el gatito inspeccionó toda la casa y se vino a mi pieza. Se subió a la cama y se quedó ahí sentadito. Yo lo acariciaba, el gatito me lamía el dedo y jugaba conmigo. Fue lo más tierno que me pasó en 3 años y medio. Me sentía vivo por sentir que el gatito me prestaba atención y le gustaba mi afecto.
Como me siento vivo cuando veo algún drama en el cine o en la tele.
Debería tomar un curso ya para refrescar cómo es eso de tener a alguien al lado y compartir cosas, pero sobre todo afectos, cariño, una caricia (muchas, mejor). Abrazarse, tocarse. Tener a alguien que piensa en vos como vos en ella.
Ustedes que lo tienen, sepan lo afortunados que son. Yo no tengo eso y no puedo sentir, no tengo donde depositar todo lo que tengo adentro. Mis sensaciones van a parar a saco roto, caen al piso y se escurren por una grieta sin destino final.
Elevando a la enésima potencia la paradoja de poder tener mi pasión, la posibilidad de no aburrirme nunca con todas las cosas que tengo para investigar y hacer pero sintiéndome cada día más incompleto por no poder complementar eso con amor, con calor humano. Con una charla, una sonrisa compartida, una mano que tomar, un mimo por hacer. Un oído que ofrecer, una boca que rozar.

No hay camino que me lleve a Ella.
Y tengo tanto para darle...

martes, 24 de julio de 2007

Tomas Micola

ARGENTINA es campeón del Mundo Sub-20. Le ganó 2-1 a República Checa.
Los checos intentaron distraer a los argentinos poniendo en la cancha al jugador Tomas Micola.
Pero los argentinos -bien machitos- no se dieron por aludidos ante esa desvergonzada invitación.
Parece que los checos solían andar de orgía en orgía entre ellos, como confirma esta nota que dice "Tomas Micola is lifted by teammate Ondrej Kudela" o traducido:
"A Tomas Micola se lo levanta su compañero Ondrej Kudela"

Un periodista de Olé, por otra parte asumió alegremente haberle entregado el toor al jugador sin oponer resistencia:
"Con Micola no precisó suerte"

Este caso me hizo acordar a una socia que tenía, una vieja solterona que se llamaba... Rosa Solitario de Vera.
Y es en serio, ¡todo este post es en serio!