Esa mañana Ezequiel se calzó el i-pod que había conseguido la semana anterior y se tomó el 152 hacia La Boca. Mientras viajaba, fue recordando la noche anterior en aquel restó en el puerto de Olivos. Se habían reunido casi todos los compañeros de la promo 95 de la Buenos Aires English high School. La habían pasado muy bien y, tras varias rondas de alcohol, terminó con Jessica en el departamento de ella garchándosela después de tanto haberla deseado durante toda la secundaria.
La mina era flaca pero tenía dos tetas impresionantes y unos ojos marrones grandotes que incitaban a la violación con su sola presencia en la misma habitación. Las cosas habían cambiado, en la escuela ella ni siquiera lo registraba, pero ahora que él tenía plata, un Toyota Camry 2.2 y una casa envidiable en Zona Norte, se había convertido en un objeto de deseo potable.
El colectivo se fue llenando mientras Ezequiel se excitaba con el recuerdo de las múltiples cogidas con Jessica, las uñas largas de ella enredándose en los cabellos rubios de él, los gemidos, el sudor...
La llegada de una viejita con bastón interrumpió su trance y se levantó para cederle el asiento, ya que dos pendejos que estaban adelante de todo la habían ignorado olímpicamente.
-"Gracias, querido"- dijo sonriendo la abuela - "todavía quedan caballeros..."
Marcos se había quedado dormido e iba a llegar tarde al trabajo. Eran las 8.55 hs y se le había escapado un 152 justo cuando llegaba a la parada. Con lo estrictos que son, seguro le descontarían media jornada. El cansancio de tanto trabajo lo había vencido esa mañana. Cada vez trabajaba más, para poder pagar el alquiler y a la vez mantener a sus hijos. Rosita, su ex-esposa, lo había dejado y obtuvo la tenencia de sus tres chicos. Marcos no tenía trabajo estable y Rosita nunca valoró sus esfuerzos ni el amor que le tenía. Se volvió a Bolivia. Sólo sabía de sus hijos por algún sms aislado cada tanto.
Marcos esperaba que en esta fábrica todo fuese mejor, al menos ya había durado cuatro meses, por lo que no perdía las esperanzas de recuperar a su familia. Pero el poder conseguir plata para lograr su objetivo, por momentos se convertía en una obsesión para él.
El colectivo llegó y subió nervioso, esperando que no hubiese mucho tráfico y que le hubiera tocado un chofer apurado y no pachorriento. El colectivo estaba hasta las manos así que fue parado.
En medio del apretujamiento de cuerpos, Ezequiel hizo un ademán a su cinturón e inmediatemente gritó indignado: "¡Me robaron el celular!". La gente dio vuelta sus cabezas hacia él, y él buscando el celular entre quienes lo rodeaban individualizó a Marcos y el celular que tenía en el pantalón: -"¡Es ese, es mi celular! ¡Chorro, hijo de puta!, ¡es ese!". Una vez que identificó al ladrón, otros pasajeros se unieron a su indignación ante la mirada defensiva de Marcos: "¡Negro de mierda! Hay que echarlos a todos estos bolitas del país, a robarnos vienen!" - gritó un tipo. Mientras varios empezaron a empujarlo y a patearlo, una señora con una cuidada permanente y mucho olor a talco de vieja, decía: -"Macri los va a hacer desaparecer a estos".
Le sacaron el celular del pantalón sin que Marcos pudiera pronunciar palabra mientras literalmente lo cagaban a palos en medio de los gritos. ¡La gente finalmente se había unido por una causa común! -"¡Negro cabeza hijo de puta, no vas a querer robar más vos!". Le devolvieron su teléfono a Ezequiel, mientras le pedían al chofer que abriera la puerta para sacar al chorro. Marcos se mantenía en pie sólo porque la cantidad de gente lo apretaba y no dejaba que cayera. A los tumbos llegó al fondo del colectivo y lo empujaron por la puerta tirándolo a la calle. El colectivero cerró y arrancó raudamente dejándolo atrás y escapando de la situación traumática que todos acababan de vivir. Le dieron el teléfono a Ezequiel mientras le preguntaban cómo estaba.
-"Bien, bien, gracias, no me hizo nada, es sólo la indignación de ver cómo roban por todos lados y uno ni se da cuenta, son profesionales".
-"Bueno, éste no era tan profesional, jeje. No va a robar más, al menos no por acá, ja".
-"Sí, si no nos unimos nosotros para defendernos de estas lacras, ¿quién nos defiende?".
Había un clima festivo en el colectivo, el pueblo había logrado unirse para protegerse.
Ezequiel fue para el fondo apenas al minuto de terminado el incidente y agradeciendo a todos quienes lo ayudaron, tocó el timbre para bajarse.
Al bajar, miró el 152 alejarse, se acomodó el pelo que se despeinaba por el viento que soplaba con olor a podrido del Sur, e hizo una llamada por el celular:
-"Si, ¿Jorge? ¿Qué hacés boludón? Tengo otro para vos...(...) Y sí, boludo, si es una pelotudez, en este país del orto te ponés al lado de un negro, le afanás el celular o lo que sea y encima te hacen un monumento, tenés 20 cómplices por colectivo, ja ja ja (...) Sí, Jorgito, te lo llevo ya, si estoy al pedo... (...) Ok, ok, pero más tarde no que hoy le hago el orto a Jessica".
domingo, 25 de noviembre de 2007
Unidos
sábado, 11 de agosto de 2007
Espejos - Capítulo V
Aquí concluye Espejos. Gracias por el aguante!
Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.
ESPEJOS - V
Él le dijo que tenían que hablar. Torpemente compartieron palabras durante unos minutos, que se hicieron horas, en los que ella de repente sin explicación sintió como si el vacío desapareciera.
Él no entendía por qué ahora que iba a decirle que se separaran, se sentía tan bien. Le había hablado de Carlos y su distanciamiento y ella le dijo que lo llamara para ver qué había pasado. Le pareció un consejo muy coherente después de todo.
Sin saber qué decir, como nerviosos, siguieron charlando y ella le contó de lo mal que se sentía la madre por la muerte del viejo. Él la contuvo, casi olvidando el motivo original de la charla, embriagado por una sensación de bienestar que no recordaba haber sentido antes. Ya era de noche y los grillos no se escuchaban.
Cuando se hizo un bache en la charla, él, ya sin saber por qué lo hacía, tomó valor y le dijo que se tenían que separar, esperando la reacción de ella.
Ella escuchó las palabras tan temidas, pero esperadas a la vez. No quería separarse. Se sentía bien. No sabía por qué. Pensó en que siempre hay una resistencia a ver la realidad, y que por un impulso del momento no podía dejarse influenciar y seguir en algo que les hacía mal a ambos. Intentó explicar ese borbotón de alegría como algo que podía omnubilar la decisión correcta.
Le dijo: -"Sí, tenés razón, no da para más", a pesar de sentir todo lo contrario en ese mismo instante.
Él se quedó perplejo. Ese "sí" lo hirió hasta lo más profundo. Esperaba el "no" que salvara la relación. Esperaba que ella hiciera algo. Algo que salvara ese amor.
Ella no entendía por qué él no le refutaba su "si"... ¿No era que la amaba? Evidentemente no.
Pasaron minutos callados. El final se suponía que traería algo de liberación, pero ella se sentía ahogada, presa.
Él fue a juntar sus cosas, sin pronunciar palabra, con un llanto contenido por milenios, que no logró escapar de sus ojos.
Los dos habían sido presa de su propio silencio.
martes, 7 de agosto de 2007
Espejos - Capítulo IV
Si tan sólo pudiésemos romper algunos espejos y construir nuestra propia imagen en base a nuestros propios deseos...
Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.
ESPEJOS - IV
Esa noche no hicieron el amor. Él venía notando que ella no acababa, boludo no era, y pensó que exponerla a esa situación sería negativo.
Ella pensaba y pensaba y ni siquiera se dio cuenta de que él no se le acercó esa vez como todas las noches. Recién al otro día, con la cabeza más despejada, despertó y hasta se sintió aliviada de que hubiese sido así porque, aunque lo deseaba, estaba muy confundida.
Esa noche que no dejó sábanas arrugadas fue la primera de varias, matizadas con noches de pasión que las camuflaban y escondían de los pensamientos trágicos y desesperanzadores que invadían a ambos cada vez con más frecuencia.
Pero la distancia crecía inexorablemente.
Hacía un mes que Carlos no lo llamaba y tampoco chateaban. Era muy extraño. Esa tarde desde el trabajo, hablando con Matías, un amigo en común, por un comentario de él se dio cuenta que Carlos lo había bloqueado del MSN. Carlos estaba chateando con Matías pero para él figuraba como "No conectado". Le preguntó a Matías por su amigo y se enteró que se había separado de la novia hacía un mes. ¡Y no le había contado! Y encima ahora lo bloqueaba del MSN. Inaudito, ¡como si él hubiera hecho algo para que todo eso sucediera! Si no hizo nada...
Y bueno, quizás algun día Carlos lo desbloquearía cuando se le pasara el raye. Ojalá.
Las noches sin sexo y esa sensación de vacío cada vez más molesta y duradera, estaban afectándola mucho, demasiado. ¿Por qué él ya no la quería? ¿O sí la quería? ¿O la quería pero no la amaba? Ella estaba segura de que lo amaba, pero quizás eso ya no era recíproco. Lloró. Mucho. No podía parar. Estaba sola en la oficina donde trabajaba de secretaria.
"El amor no debería hacerte sufrir...", pensó.
Por primera vez dudó de lo que sentía.
El transcurrir de los días no parecía traer ninguna solución a la distancia que parecía interponerse entre ellos. La lógica del amor más sano del mundo parecía ya no funcionar. A pesar de no entender dónde se habían equivocado, él sabía que no podían seguir así y decidió hablar. Esa tarde le diría de separarse, porque así quizás la haría reaccionar, la sacaría de su inacción. Eso salvaría su relación.
Ella sólo pasaba momentos sin tener los ojos hinchados de llorar. Su rostro perfecto lucía demacrado, sin rastros de la alegría que la caracterizaba un año atrás. No podía entender por qué él no hacía nada o le preguntaba algo. Sólo abrazarla o secarle las lágrimas no era suficiente, aunque le gustaban tanto, tanto, tanto esos abrazos. ¿Hasta cuándo siempre lo mismo? Y... ¿por qué es que estaba llorando?
sábado, 4 de agosto de 2007
Espejos - Capítulo III
Aquí va el tercer capítulo. ¡Ah!, me había confundido, son 5 no 4. Faltan 2.
Saludos.
Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.
ESPEJOS - III
El sábado siguiente, era su cumpleaños. Pensó cómo le gustaría festejarlo y recordó las salidas con las amigas, bailando hasta el amanecer, tomando, jodiendo. Estaría bueno poder festejar así de nuevo. Pero a él no le gustaba bailar, así que no lo iba a hacer pasar por eso, si en realidad ella quería disfrutar su cumpleaños con él, la persona que más amaba en el mundo.
Él se daba cuenta de que lo que le faltaba a la relación era acción. Pero bueno, "eso es algo que se logra de a dos", pensaba. Si tan sólo ella le pusiera más onda a salir o a cagarse de risa, joder. Pero él no la podía obligar a ser lo que no era, eso no sería amor. Así que debía respetar su "forma de ser tranquila". Para el cumpleaños la invitaría a cenar a algún lugar romántico.
Esos días ambos los pasaron teorizando demasiado sobre lo que el amor debía ser y cómo no salirse de los límites que harían que lo de ellos no fuera así de sano. Pensaron mucho, cada uno con su almohada. La misma almohada. Y para pensar no hay que hablar.
Un par de semanas después, él notó que Carlos no lo había llamado por teléfono, cuando solía hacerlo al menos dos veces a la semana. Raro. Bueno, pero si le hubiese pasado algo lo llamaría para contarle.
Ella estaba bastante mal, incluso temía estar entrando en una depresión. Ensimismada en sus pensamientos, la sobresaltó el teléfono. Era su mamá, que día por medio siempre la llamaba para saber cómo estaba.
-"¿Qué tal, ma?"
-"Bien, vos cómo estás, querida?"
-"Todo bien, estaba cocinando unas milanesas para los dos".
Hablaron unos minutos. No era cuestión de preocuparla, ya suficientes problemas tenía la madre con la pensión que no le salía y lo que le costaba hacer el duelo del padre de ella, así que prefirió no decirle nada de lo que le pasaba.
Él y ella cenaron. Por momentos él le tomaba la mano sobre la mesa y se contemplaban, entre sonrisas y suspiros. Desde el jardín los grillos se convertían en los ejecutores de la banda de sonido de su amor, acompañando las palabras tácitas que daban marco a lo que los unía. Esos momentos disipaban las dudas, evaporaban el dolor, el miedo a un final que a veces parecía querer tocar a su puerta.
Sus dedos dejaron de entrelazarse cuando ella se levantó a llevar los platos a la cocina. Y de nuevo sintió un vacío adentro. Una sensación de infelicidad total. ¿Abstinencia de tocarlo? Pero si él estaba ahí... Eran felices. Ya no sabía qué hacer para convencerse.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Espejos - Capítulo II
Hablando de novelas. Después de casi 5 meses, volví a ver a cierta persona... Un poco más temprano que el horario "habitual", volviendo a casa en el colectivo, allí estaba, y se dio de nuevo exactamente la situación descripta en el capítulo II de "¿Y si fuera ella?": parados en la puerta para bajar con los ojos casi enfrentados durante interminables segundos... Sólo que.. ya no era la rubia del 44, ahora era ¡"LA CASTAÑA DEL 44"! Y le queda precioso, de hecho me gustan más las castañas... Pero bueno, ya sabemos que fuma.
Volvamos a lo nuestro, aquí el segundo capítulo.
Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.
ESPEJOS - II
Esa noche ella se sentía como ahogada. Era una sensación extraña, se sentía como presa en su propia casa. No había pasado nada. ¿Por qué sentía eso?
Habían quedado en ir al cine después de comer. Ella quería ver "Descuartizando a Stephan" pero él le había dicho de ver "Antes del amanecer", así que iban a ver esa.
Él estaba como cansado, hacía bastante que no se sentía realmente feliz, pero no podía ser debido a ella, si nunca discutían, nunca se peleaban.
Así que hizo el esfuerzo por mostrar su mejor sonrisa e ir a ver "Antes del amanecer", esa película pedorra romántica que seguro a ella le iba a gustar, por más que él prefiriera algo como "Descuartizando a Stephan".
Hacía frío y vieron la peli. No era tan mala después de todo, ambos salieron abrazados. En silencio, abrazados. Esos momentos eran impagables, tocar el cielo. Pero no se podía estar abrazados todo el día...
Él se sentía mal, en la reunión de los martes con los amigos esperó que alguien le preguntara algo, cómo estaba, una muestra de interés. Todos pelotudeaban y hablaban del nuevo modelo de Ford.
Carlos, el más retraído del grupo, estaba medio apartado, con la mirada perdida. "¿Le pasará algo?", pensó él y no le dijo nada para no molestarlo. Capaz prefería estar solo.
Esa noche ella vio un espectacular capítulo de Everwood donde Ephram le decía a Amy todo lo que sentía y que no podía vivir sin ella. Se lloró la vida, "¡Qué pelotuda que soy!", pensaba para sus adentros.
Pasaron unos días y ella sentía que las cosas no eran como antes. Lo sentía distante a él. Pero si le pasase algo, seguramente se lo diría, por eso se amaban, así que no iba a dudar de ese amor y pensar que él no confiaría en ella.
El espejo estaba empañado... Sería por el agua caliente de la ducha que planeaba darse intentando limpiar tanta duda, tanta incertidumbre.
martes, 31 de julio de 2007
Espejos - Capítulo I
Empieza aquí un relato que acabo de escribir basado en sensaciones que he recolectado últimamente. Irá en cuatro partes (emulando al amigo JuanT). Espero que les guste.
Quiero agradecer a Marie y a July por charlas o posts que formaron parte de las sensaciones que motivaron este cuentín.
Cualquier similitud con la realidad puede tener que ver con ella.
ESPEJOS - I
Ella tenía ganas de estar sola con él esa noche, de poder mimarlo, como hacía mucho no se permitían, pero Marcelo y Carolina los habían invitado a cenar y ella sabía que a él no le gustaría ese desplante de ella. Eran más amigos de él que de ella, aunque todos se llevaban más o menos bien. Bueno, a veces Caro se daba ciertos aires de grandeza que a ella muy bien no le caían, pero qué podía hacer, la gente es como es.
Él se moría de ganas de poder estar solo con ella esa noche. Tanto trabajo, la rutina, la falta de dinero, a veces conspiraban para que relajarse y disfrutar fueran sólo un deseo casi utópico. Él no se bancaba ya a Marcelo y sus canchereadas, pero no quería generar un conflicto con ella, después de todo, eran más amigos de ella que de él.
La cena fue entretenida, aunque no participaron mucho de la charla. Él no creía que poner sus ahorros para empezar ese negocio de venta de altavoces fuera una de las mejores ideas que se le ocurrió a Marcelo, pero si estaba entusiasmado y se sentía feliz, él no era quien para arruinarle sus sueños.
La carne que preparó Carolina parecía una suela de zapato, estaba requemada, pero ella se la comió y ambos felicitaron a la cocinera, obvio, quizás a ellos la carne les gustaba así.
Esa noche volvieron tarde a casa. Fueron a la cama y ambos estaban extenuados porque habían trabajado mucho y la salida nocturna los había terminado de palmar. Pero él no quiso que ella creyera que no la deseaba, así que empezó a acariciarla y a jugar con su cuerpo, para cumplir y que ella fuera feliz.
Ella no se estaba excitando. Era tan hermoso dormir con él, lo amaba tanto, pero últimamente el sexo no era lo que solía ser. Él parecía desconocer la manera exacta de tocarla, el punto justo, la cadencia necesaria. Pero por supuesto, no era ella quien iba a decírselo, lastimándolo innecesariamente. Lo amaba demasiado como para hacer eso. Ella fingió un orgasmo. Él apenas acabó y se sintió aliviado. Mientras dormían abrazados, él la contemplaba murmurando para sus adentros: "Qué hermosa que es, cómo la amo".
Hacía mucho que esas palabras no interactuaban con el aire.

